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11.- Castillo esquema Camacho

Esquema idealizado del original Castillo de Montilla; 1639. Fuente: Agustín Jiménez Castellanos y Alvear, en “El Castillo de Montilla”, Boletín de la Real Academia de Ciencias, Bellas Artes y Nobles Letras de Córdoba, núm. 8 – 1924.

A principios del siglo XVI, comienzo del que quizá sea el mayor proceso expansivo de Montilla, tuvo lugar sin embargo uno de los episodios más turbulentos y recordados de su historia. En 1508, el inquilino del castillo montillano, don Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco, primer Marqués de Priego, encabezó un motín contra el inquisidor Diego Rodríguez Lucero, vasallo del monarca Fernando el Católico, lo que provocó un serio enfrentamiento entre partidarios de la Corona y del Marqués. El apresamiento por parte de estos últimos de Gómez de Herrera, Alcalde de Casa y Corte enviado por el monarca a la provincia para apaciguar el amotinamiento, terminó por frustrar los ánimos de la Casa Real, que ordenó un castigo ejemplar para el Marqués.

Pese a las súplicas personales del Gran Capitán, tío de Pedro Fernández de Córdoba, nada pudo evitar que el Rey Católico se dirigiera a Córdoba y, tras el correspondiente Consejo Real, condenara a Pedro a pena de muerte y a la pérdida de sus bienes. Curiosamente, el mismo Rey que años atrás concedió la distinción del Marquesado a don Pedro, le condenaba duramente a la mayor pena. No obstante, la condena capital fue conmutada por el destierro perpetuo de Córdoba –de Andalucía, según las interpretaciones de algunos autores-, la entrega de todos sus bienes a la Corona y la destrucción de la magnífica residencia palaciega de Montilla.

De esta manera, el 19 de julio de 1508, “verificose la demolición del castillo de Montilla […] tomando parte unas 3.000 personas en casi su totalidad de forasteros, pues á pesar del pregón que se dio y de los 30 maravedíes de jornal señalado, no se presentó ningún montillano para llevar a cabo tal destructora obra [1] (sic)”.

Destruida la fortaleza medieval y eliminados los riesgos fronterizos de la población -al eliminar los Reyes Católicos el Reino nazarí de Granada, Montilla queda en territorio interior y pacificado-, no tenía sentido la reconstrucción del Castillo. Por ello, cuando Juana la Loca dictó una cédula en la que concedía al Marquesado de Priego el perdón por los actos de Pedro Fernández de Córdoba, otorgándole a la familia licencia para reedificar la fortaleza, ésta decide trasladar su residencia a la parte baja de la población, de más fácil acceso y de mejores condiciones orográficas.


[1] Según palabras de MORTE MOLINA, J. en Montilla; Apuntes Históricos de esta Ciudad. Ed. Nuestro Ambiente, Montilla, 1982,  p. 69. Si bien no hay referencias fidedignas de la ausencia de montillanos en la destrucción de su propio Castillo, esta leyenda es tradición extendida en la localidad, y así lo recogen, entre otros, PONFERRADA GÓMEZ, J., El Castillo de Montilla: Historia y Tradición. Montilla, 1983.

Víctor Barranco García. “Proyecto de dinamización del casco histórico de Montilla”

Diciembre de 2012

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A principios del siglo XVI, comienzo del que quizá sea el mayor proceso expansivo de Montilla, tuvo lugar sin embargo uno de los episodios más turbulentos y recordados de su historia. En 1508, el inquilino del castillo montillano, don Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco, primer Marqués de Priego,...