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16.- Plazuela del Peso

Espacio que fue la Plazuela del Peso. Fotografía del libro “Montilla en la Mirada”, de Manuel González.

En anteriores artículos hemos visto cómo el crecimiento urbano, demográfico y social de Montilla durante el siglo XVI fue quizás el de mayor esplendor de cuantos ha vivido su Historia. El crecimiento de la población hacia el sur alrededor del camino de Lucena provocó el nacimiento de nuevos barrios como el del Sotollón.

Este barrio del Sotollón fue creciendo a raíz de los problemas surgidos por la población en las construcciones realizadas en torno a la calle Santa Brígida y en dirección al Monasterio de San Francisco, lo que obligó a buscar nuevas vías de expansión para una ciudad en continuo auge.

Las órdenes religiosas

De trascendental importancia en este proceso de expansión urbano de Montilla fue la llegada a la localidad de la Orden de San Agustín, en torno a 1520 y al amparo de los Marqueses de Priego. Así, en el Alto de San Cristóbal existía una extensa finca con una pequeña ermita que su propietario[i] cedió a los agustinos, junto con las tierras aledañas que le pertenecían, para que construyeran sobre ella su morada y convento.

A los pocos años de su establecimiento, los religiosos decidieron parcelar el olivar que rodeaba el convento y, mediante la fórmula del censo[ii], fueron otorgando los solares resultantes a quienes estuvieron interesados en edificar en allos sus viviendas. Mediante este atractivo mecanismo no es de extrañar el rápido crecimiento de la zona, potenciado si cabe con “la creación de cinco cofradías en su iglesia durante las últimas cuatro décadas del siglo XVI, con las que ofrecían servicios religiosos y sociales -tales como limosna en caso de enfermedad y entierro digno a su muerte- a todos aquello que ingresaran en sus filas[iii].

Es de recalcar que en este popular Sotollón nació, en 1549, el que sería patrono de Montilla –y de varias ciudades iberoamericanas-, Francisco Solano Sánchez Ximénez, San Francisco Solano “el Santo”, que daría nombre a la calle principal del barrio ya a finales del XIX.

Por su parte, y merced al empeño de la marquesa doña Catalina Fernández de Córdoba, la Compañía de Jesús se instala en Montilla, formando entre las calles Corredera, Angustias y Escuelas un extenso complejo que albergaba la primitiva iglesia, la residencia de los sacerdotes, un huerto y un colegio. Para ello se tomó el local del antiguo Hospital de Nuestra Señora de los Remedios.

Gracias a una serie de donaciones, la casa de la Compañía de Jesús, aun sin concluir del todo, quedó inaugurada en 1558. En su Colegio de la Concepción se enseñaría a los más pequeños a leer, escribir y a educarse en la doctrina cristiana, además de impartirse cátedras de filosofía, teología y moral. Por aquí pasearon personajes como San Juan de Ávila, San Francisco Solano o Diego de Alvear y Ponce de León. Este edificio dio nombre a la calle por la que a él se accede, que ya desde 1630 se puede citar como calle de las Escuelas[iv].

No fueron agustinos y jesuitas los únicos religiosos que se establecieron en Montilla al amparo de los Fernández de Córdoba. Las monjas concepcionistas se establecieron en el Convento de Santa Ana en diciembre de 1592.

Años antes, en 1586, se consiguió comunicar mediante el derribo de una casa la calle Corredera con la de Pineda -actual Santa Ana-, operación “urbanística” que junto a la construcción de la iglesia y el convento de las monjas concepcionistas configuró un nuevo espacio urbano conocido como Plazuela del Peso, llamada posteriormente Plaza de la Purísima Concepción y que ha llegado a nuestros días simplemente como la Plazuela, y que conecta dos ejes de circulación fundamentales para Montilla: Puerta Aguilar – calle Corredera y calle Corredera – calles San Francisco Solano y Fuente Álamo.

Siglo de luces y sombras…

También en este siglo XVI, casi con total rotundidad el de mayor pompa de nuestra localidad, se acometen severas reformas en la Iglesia de Santiago, que en 1576 celebra la visita de Hernán Ruiz, arquitecto cordobés que diseñó la popular torre de la Parroquia. Además de las obras propiciadas por las órdenes religiosas, en este siglo se construyó la cárcel pública en la calle Tarasquilla; se repararon y adecentaron las fuentes públicas del extrarradio, como la Fuente Nueva, la del Álamo, la de Fontanar o la del Cuadrado; se instalaron puentes en los caminos para mejorar el paso de los vecinos a las localidades aledañas y se empedraron numerosas calles.

Pese a estos avances, el dominio señorial de los Fernández de Córdoba en Montilla le otorgaba una serie de derechos sobre la economía local que se traducía, sobre todo, en el establecimiento de monopolios, que generalmente creaban animadversión y rechazo en la población, que veía tales derechos como un abuso señorial insostenible. De esta forma, solo los Marqueses de Priego o sus autorizados podían regentar molinos de aceite, harineras, mesones, hornos de pan o almonas –fábricas de jabón-.

Entiéndase el malestar de los vecinos en una época de expansión económica y social de Montilla, cuando no sólo veían su imposibilidad para abordar nuevos negocios monopolizados por los señores, sino que además se veían obligados a pagar por obtener harina, pan, jabón o aceite. Fruto de esta controversia, en la Chancillería de Granada se presentaron dos querellas de grupos de vecinos contra los Marqueses y sus monopolios. En un primer momento, la justicia daba la razón al poderoso y los vecinos sufrieron el monopolio hasta la segunda mitad del siglo XVIII.

El último cuarto del quinientos supuso un punto de inflexión en el auge socioeconómico montillano. En los últimos años del XVI se sucedieron malas cosechas, escasez de alimentos, inflación en el precio de productos básicos y abundancia de mendigos por las calles. Con la amenaza de la peste en toda Andalucía, en 1582 se dispuso que se levantaran muretes alrededor de la ciudad para prevenir la entrada de contagiados en la misma. Con ello sufrió también el comercio. Las plagas de langosta no ayudaron a una mermada población que veía truncarse una ya arraigada trayectoria de bienestar y auge en los años anteriores[v].

De esta forma, el siglo de Oro montillano dio paso a un declive que prologaba la llegada del siglo XVII. Una ciudad que, pese a los problemas sufridos en las postrimerías del XVI, seguía siendo un referente en la comarca y uno de los pueblos más prósperos de la zona en una España marcada por la crisis, el hambre y la peste.


[i] Alonso Sánchez de León el Recio, según Calvo Poyato en Guía Histórica de Montilla; Córdoba, 1987.
Alonso Sánchez “el Recio de León” según Morte Molina en Apuntes Históricos de esta Ciudad; Ed. Nuestro Ambiente, 2º ed. Montilla, 1982.

[ii] Según la RAE, “Censo: [7. m. Der.] Contrato por el cual se sujeta un inmueble al pago de un canon o pensión anual, bien como interés perpetuo de un capital recibido, bien como reconocimiento de la propiedad cedida inicialmente.”

[iii] Un paseo por el antiguo barrio del Sotollón en Perfiles Montillanos; Jiménez Barranco, A.L. 2011.

[iv] Callejero y Memoria Íntima de Montilla. Garramiola Prieto, E. Ed. Nuestro Ambiente; Montilla, 1995.

[v]  Ver más información sobre estas penurias en Guía Histórica de Montilla, Calvo Poyato, J.; Córdoba, 1987.

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