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96.- (C) Paseo de Cervantes

Paseo de Cervantes. Fotografía del libro “Montilla en la Mirada”, de Manuel González Candelas, José Rey García y Miguel Aguilar Portero. Montilla, 1998.

 

Hemos visto en anteriores pinceladas cómo bajo el mandato de la Marquesa de Priego doña Catalina Fernández de Córdoba, Montilla vivió uno de sus momentos de mayor expansión. Convertida en la capital de facto del Marquesado, el nombre de la futura ciudad -no será hasta 1630 cuando se le de este título- va adquiriendo fuerza.

Este potencial se trasladó, como no podría ser de otra manera, al campo urbanístico y al ornato público. De esta manera, el entorno más inmediato de la nueva Casa-Palacio de los Marqueses de Priego va adecentándose según merece la recién adquirida importancia del lugar. El Llano de Palacio se va configurando en las décadas posteriores con la construcción de las caballerizas, los jardines o la huerta.

Lo que hoy conocemos como Paseo de Cervantes tuvo su germen, precisamente, en el espacio ajardinado que en su día formó parte del lugar de esparcimiento de los Marqueses. Buena fe de ello dan los planos del Palacio de 1709, localizados en el Archivo de la Fundación Casa de Medinaceli. En ellos se muestra claramente un espacio ajardinado en parte del terreno que posteriormente ocuparía el popular Paseo de Abajo.

Este espacio ajardinado estaba formado por varios patios y jardines, el más amplio de ellos comunicado a través de una puerta y una escalinata con la plaza del Llano de Palacio. Este jardín tenía planta reticular, con tres carriles de paseo en un sentido y cinco en otro, que formaban tres cruces en la calle central adornados con fuentes.

Se accedía a este jardín desde otro situado a un nivel ligeramente superior, muy probablemente de anterior construcción, situado en el espacio que después ocuparon las Bodegas Ortiz-Ruiz. En la leyenda del plano de 1709 se lee la existencia de un estanque en este jardín. El acceso entre las dos zonas de ocio anteriores se daba a través de una grada porticada.

Del mismo modo, el plano en cuestión testimonia la existencia de otra parte del jardín que “se undió con las tapias por razón de un caño de la ciudad que pasa por debaxo, y no se compuso en tiempo (sic)”.

No han llegado a nuestros días muchos más testimonios del espacio en aquellos años, por lo que poco conocemos de la transformación posterior de los jardines. Debió de hacerse en algún momento la segregación de ambas zonas ajardinadas del Palacio, que sufrirían diversas adaptaciones hasta la actual configuración del espacio con el Convento de Santa Clara, la Casa de Teresa Enríquez y la antigua Bodega Ortiz-Ruiz.

Ya en manos de la propiedad pública y siendo Rey de España Fernando VII, en 1817 la antigua huerta junto al Palacio pasa a formar parte de las zonas verdes de la localidad, instalándose en el lugar un parque conocido durante muchos años como Paseo de las Rosas.

Al principio, el espacio no era más que una explanada ajardinada con una única calle “adosada” a la pared del jardín del Convento de Santa Clara. El lado opuesto se limitaba con la cortadura del Coto. Los accesos al parque eran, por un lado, a través de dos arcos que lo separaban del Llano de Palacio; por el otro, descendiendo unas gradas o escalinatas de mampostería.

En los años 70 del siglo XIX, el Paseo sufre varias reformas. Aprovechando el desescombro que se venía produciendo en el mencionado Coto para rellenar su hendidura, la superficie del paseo se amplió. Se colocó en la entrada principal, para mayor ornato, la fuente de piedra que hoy día está en el patio central del Ayuntamiento. Y poco después, don José Garnelo diseñó un plano reticular para ordenar el espacio central del paseo, descubriendo un trazado con cinco calles cortadas perpendicularmente por otras tantas, resultando numerosos arriates rectangulares que se adornarían con plantas. La calle central sería justo el doble de ancha que el resto.

Igualmente, se modificaron los accesos. Los arcos de Llano de Palacio se sustituyeron por una verja de hierro con dos puertas, y la grada del lado opuesto se trazó un murete con valla férrea que también disponía de tres puertas de acceso que daban a una escalera doble cuyo hueco servía de almacén al jardinero.

Esa reforma de 1878 contemplaba también la colocación de una fuente en cascada en la pared lateral del Convento de Santa Clara y el cierre del parque con muro de contención por el lado del Coto; proyectos ambos que no llegaron a ver la luz.

En 1904, el alcalde Pérez Mataix ordenó la construcción de una tribuna a modo de escenario, en un intento por acercar a la muchedumbre a pasar su tiempo de ocio en este enclave dispuesto desde un principio para ello. Parece ser que en aquellos primeros años del siglo XX hubo numerosas actividades en el Paseo de las Rosas, incluso existiendo programas de concierto semanal durante un período de tiempo. Y, para darle aún mayor importancia, el futuro Paseo de Cervantes se configuró como “sede” de la mayor parte de actividades de la festividad de San Francisco Solano, que ya desde principios del siglo XX tenía parte del “real” ubicado en el Llano de Palacio.

De este modo, y según recoge el libreto editado para el programa de festejos del “Tercer centenario de la muerte del insigne Hijo y Patrono de la Ciudad de Montilla San Francisco Solano”, en 1910, del 14 al 16 de julio de ese año hubo tres veladas musicales en el Paseo de la Rosa.

Tanto el Casino Montillano como el Círculo de Artesanos, dos de las instituciones culturales de más arraigo en Montilla, quisieron hacer un poco suyo el Paseo mediante la instalación de sendas estructuras fijas como espacio de esparcimiento y ocio. De esa manera, hasta nuestros días ha llegado la caseta metálica que ocupa hoy la parte central del espacio y que en los años 20 fue levantada por el Casino Montillano. Años después, fue el Círculo de Artesanos el que instaló una especie de cabina descubierta de la que no queda rastro hoy día.

Ya en la última reforma realizada en el parque, entre 1990 y 1993, se instaló la fuente-monumento denominada “A las dos culturas”, levantada por el artista Rafael Rodríguez en conmemoración al Inca Garcilaso y a la confraternidad entre Europa y América.

Con pocas variaciones más en los últimos años, el Paseo de Abajo, Paseo de las Rosas o Paseo de Cervantes será siempre uno de los espacios verdes más emblemáticos de Montilla.


 

Fuentes:

  • Callejero y Memoria Íntima de Montilla. Garramiola Prieto, E. Ed. Nuestro Ambiente. Montilla, 1995.
  • Montilla. Apuntes históricos de esta ciudad. Morte Molina, J. Ed Nuestro Ambiente (2ª ed.). Montilla, 1982.
  • Programa de Festejos del “Tercer centenario de la muerte del insigne Hijo y Patrono de la Ciudad de Montilla San Francisco Solano”. Montilla, 1910. Fundación Biblioteca Manuel Ruiz Luque.
  • Archivo Municipal de Montilla. Consulta general.
  • Plano del Palacio Ducal de Medinaceli de Montilla, 1709. Original conservado en el Archivo de la Fundación Casa de Medinaceli en Sevilla.
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