El Paseo de las Rosas

(Foto: González)

Como hemos visto en otros posts, el siglo XVI supuso para Montilla una de sus épocas más gloriosas. Bajo el mandato de la Marquesa de Priego doña Catalina Fernández de Córdoba, la ciudad vivió uno de sus momentos de mayor expansión. Convertida en la capital de facto del Marquesado, el nombre de la futura ciudad -no será hasta 1630 cuando se le de este título- va adquiriendo fuerza.

Este potencial se trasladó, como no podría ser de otra manera, al campo urbanístico y al del ornato público. De esta manera, el entorno más inmediato de la nueva Casa-Palacio de los Marqueses de Priego va adecentándose según merece la recién adquirida importancia del lugar. El Llano de Palacio se va completando durante las décadas posteriores con la construcción de las caballerizas, los jardines o la huerta.

 

Orígenes del Paseo de las Rosas

Lo que hoy conocemos como Paseo de Cervantes tuvo su germen, precisamente, en el espacio ajardinado que en su día formó parte del lugar de esparcimiento de los Marqueses. Buena fe de ello dan los planos del Palacio, de 1709, localizados en el Archivo de la Fundación Casa de Medinaceli. En ellos se muestra claramente un espacio ajardinado en parte del terreno que posteriormente ocuparía el popular Paseo de Abajo.

Plano del Palacio en 1709, con superposición de descripción y leyenda. Fuente: Archivo Ducal de Medinaceli Sevilla.

Este espacio ajardinado estaba formado por varios patios y jardines, el más amplio de ellos comunicado a través de una puerta y una escalinata con la plaza del Llano de Palacio. Este jardín tenía planta reticular, con tres carriles de paseo en un sentido y cinco en otro; que formaban tres cruces en la calle central adornados con fuentes.

Se accedía a este jardín desde otro situado a un nivel ligeramente superior, muy probablemente de anterior construcción, situado en el espacio que después ocuparon las Bodegas Ortiz-Ruiz. En la leyenda del plano de 1709 se lee la existencia de un estanque en este jardín. El acceso entre las dos zonas de ocio anteriores se daba a través de una grada porticada.

Del mismo modo, el plano en cuestión testimonia la existencia de otra parte del jardín que “se undió con las tapias por razón de un caño de la ciudad que pasa por debaxo, y no se compuso en tiempo (sic)”.

No han llegado a nuestros días muchos más testimonios del espacio en aquellos años, por lo que poco conocemos de la transformación posterior de los jardines. Debió de hacerse en algún momento la segregación de ambas zonas ajardinadas del Palacio, que sufrirían diversas adaptaciones hasta la actual configuración del Convento de Santa Clara, Casa de Teresa Enríquez y antigua Bodega Ortiz-Ruiz.

 

El Paseo en el siglo XIX

Ya en manos de la propiedad pública y siendo Rey de España Fernando VII, en 1817 la antigua huerta junto al Palacio pasa a formar parte de las zonas verdes de la localidad, instalándose en el lugar un parque conocido durante muchos años como Paseo de las Rosas. El nomenclátor popular no suele engañar y, como en muchos otros casos, la denominación del parque no debía ser baladí, por lo que es de suponer que en aquella época existirían numerosos rosales adornando los terrarios del jardín.

En 1848, el “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, del ministro Pascual Madoz e Ibáñez, se refería en la descripción de Montilla a este espacio urbano: “[…] Por último, á la parte del E. se encuentra el paseo que llaman de la Rosa, debido al celo infatigable de los señores D. Antonio Pimente y D. Juan de Luque (sic)”. Se refiere Madoz con este último nombre al que fuera médico de cámara del rey Fernando VII e impulsor de aquel primigenio proyecto del parque.

Imagen aérea del Paseo de Cervantes de procedencia desconocida. Probablemente de algún vuelo oficial, hacia finales de los años 60.

Al principio, el espacio no era más que una explanada ajardinada con una única calle “adosada” a la pared del jardín del Convento de Santa Clara. El lado opuesto se limitaba con la abrupta cortadura del Coto. Los accesos al parque eran, por un lado, a través de dos arcos que lo separaban del Llano de Palacio; por el otro, descendiendo unas gradas o escalinatas de mampostería.

En los años 70 del siglo XIX, el Paseo sufre varias reformas, recogidas por Morte Molina casi contemporáneamente en el libro “Montilla. Apuntes históricos de esta ciudad”. Así en 1877, y aprovechando el desescombro que se venía produciendo en el mencionado Coto para rellenar su hendidura, la superficie del paseo se amplió bajo el mandato municipal de don Nazario de la Cruz. Se colocó en la entrada principal del Llano de Palacio, para mayor ornato, la fuente de piedra que hoy día está en el patio central del Ayuntamiento.

Igualmente, se modificaron los accesos. Los arcos de mampostería de Llano de Palacio se sustituyeron por uno más grande; y pocos años más tarde por una verja de hierro con dos puertas. Al mismo tiempo, en la grada del lado opuesto se trazó un murete con valla férrea que también disponía tres puertas de acceso que daban a una escalera doble cuyo hueco servía de almacén al jardinero.

Un año más tarde, el médico y humanista don José Ramón Garnelo y González, padre del ilustre pintor, diseñó un plano reticular para ordenar el espacio central del paseo, descubriendo un trazado con cinco calles cortadas perpendicularmente por otras tantas, resultando numerosos arriates rectangulares que se enverdecerían y adornarían con plantas. La calle central sería justo el doble de ancha que el resto.

Aquella reforma de 1878 contemplaba también la colocación de una fuente en cascada en la pared lateral del Convento de Santa Clara y el cierre del parque con muro de contención por el lado del Coto; proyectos ambos que no llegaron a ver la luz.

 

Siglo XX: El Paseo de Abajo o Paseo de Cervantes

En 1904, el alcalde Pérez Mataix ordenó la construcción de una tribuna a modo de escenario, en un intento por acercar a la muchedumbre a pasar su tiempo de ocio en este enclave dispuesto desde un principio para ello. Parece ser que en aquellos primeros años del siglo XX hubo numerosas actividades en el Paseo de las Rosas, incluso existiendo programas de concierto semanal durante un período de tiempo. Y, para darle aún mayor importancia, el futuro Paseo de Cervantes se configuró como “sede” de la mayor parte de eventos festivos de la localidad.

Así ocurrió con gran parte de las actividades programadas durante las ferias de Belén, en el mes de septiembre, y la de San Isidro, en el mes de mayo, que ya desde mitad del siglo XIX tenían sus reales ubicados en el Llano de Palacio. Del mismo modo, la festividad de San Francisco Solano traslada gran parte de sus celebraciones a este espacio desde 1906.

De este modo, y según recoge el libreto editado para el programa de festejos del “Tercer centenario de la muerte del insigne Hijo y Patrono de la Ciudad de Montilla San Francisco Solano”, en 1910, del 14 al 16 de julio de ese año hubo tres veladas musicales en el Paseo de la Rosa.

Tanto el Casino Montillano como el Círculo de Artesanos, dos de las instituciones culturales de más arraigo en Montilla, quisieron hacer un poco suyo el Paseo, mediante la instalación de sendas estructuras de esparcimiento y ocio. De esa manera, hasta nuestros días ha llegado la caseta metálica que ocupa hoy la parte central del espacio y que en 1922 fue levantada por el Casino Montillano. Años después, fue el Círculo de Artesanos el que instaló una especia de cabina descubierta del que no queda rastro hoy día.

De la misma época es el Morabito, una pequeña edificación a forma de quiosco que se levantó hacia la pasada década de los años treinta como cabina de bar; así como el popular cine de verano que desde los años 20 estuvo funcionando durante muchos años (y que incluso se recuperó algunos veranos a finales de siglo).

El ambiente lúdico-cultural del parque continúa durante la centuria. La Feria del Santo amplía el real a lo largo de las inmediaciones y el interior del Paseo. En 1955, por ejemplo, tenemos constancia de las casetas de La Alegre Juventud, Peña Olé Olé y La Amistad, además de los espacios del Casino y del Círculo de Artesanos. Ese año, según señala Julián Ramírez Pino en “Montilla 1950-1975”, las tres primeras “se dejaron influenciar en su música por el nuevo compás americano.

Caseta de la Peña Olé Olé instalada en el Paseo de Cervantes a mitad del siglo XX. Extraída del libro Montilla 1950-1975 de Julián Ramírez

Si hay un elemento en el Paseo de Cervantes del siglo pasado que forma parte irrenunciable de su memoria es, sin duda, el conjunto de microescuelas del Coto. Estos barracones instalados como aulas de enseñanza tienen sus orígenes en la escasez de infraestructuras educativas en la España de mitad del siglo XX. Incluidas a nivel nacional en el Plan Quinquenal 1958-1962, promovidas por la Diputación de Córdoba bajo la presidencia de Rafael Cabello de Alba, y bajo el proyecto del Arquitecto cordobés Rafael de la Hoz Arderius, en septiembre de 1961 comienzan a funcionar con el nombre de Grupo Escolar Beato Juan de Ávila.

Niños y niñas estaban separados en distintas unidades y sus primeros directores fueron don Felipe Luque Polonio y doña Nieves López Soriano. Por estas microescuelas pasó, entre otros muchos maestros, el que fuera alcalde de Córdoba don Herminio Trigo. A finales de los años 70 se abandonan.

Detalle de las Microescuelas del Coto, en una hermosa imagen del desaparecido fotógrafo Manuel González Candelas.

El interior del Paseo continuó sufriendo pequeñas variaciones, ampliaciones y ajardinamientos durante la segunda mitad del siglo XX, aunque apenas vio modificada su fisonomía tal y como la conocemos hoy en día. En 1981, una propuesta de los Arquitectos Aparicio Sánchez y Rodríguez Luna planteaba la ampliación de los espacios ajardinados y la eliminación de las casetas y construcciones existentes, manteniendo la del Casino Montillano, el Morabito, el Kiosco de la Música y el palomar.

Lo más significativo de este proyecto es que volvía a plantear, como 100 años atrás, el cierre perimetral del Paseo con una verja similar a la de la calle Coto, permitiendo su acceso por las escaleras existentes y por nuevas puertas abiertas al lateral donde estaban las microescuelas. Además, proponían los arquitectos el retranqueo del cierre entre el Paseo y Llano de Palacio, creando una calle peatonal hasta la escalinata de San Blas (Actual calle Cruz de Arbón). Propuestas ambas que finalmente no se llevaron a cabo.

Sí salieron adelante algunas modificaciones planteadas para los contornos, urbanizándose de manera progresiva la explanada situada entre la Cuesta del Muladar y el Coto, hasta llegar a la actual formación de viviendas y aparcamientos. En 1986 se pavimentaron los accesos al parque; mucho más tarde, en el siglo XXI, la zona arbórea de Llano de Palacio, ya planteada en aquella reforma de 1981.

Proyecto de remodelación presentado por los arquitectos Aparicio Sánchez y Rodríguez Luna en 1981. Fuente: BIM

Enmarcada dentro de las actuaciones del Programa «Montilla´92», entre 1990 y 1993, se instaló la vistosa fuente-monumento denominada “A las dos culturas”, a los pies de la escalinata de entrada situada frente a la Cuesta del Muladar. Levantada por el artista montillano Rafael Rodríguez, el grupo escultórico hace un homenaje al Inca Garcilaso y a la confraternidad entre Europa y América.

Pese a que su uso como espacio festivo-cultural vino decayendo en los últimos años de la pasada centuria, el popular mercadillo del viernes, tradición asentada en Montilla, tuvo su sede en este parque durante un tiempo, hasta su traslado a la calle Conde la Cortina* y el último a su actual ubicación en la Avenida de las Camachas. Del mismo modo, el Día del Vecino, la gran fiesta de participación ciudadana de la localidad, celebró en este enclave sus primeras doce ediciones once de sus primeras doce ediciones, tras una primera en el Parque Tierno Galván*. Y la Fiesta de la Cruz sigue contando con este espacio como lugar privilegiado de sus celebraciones, instalando en aparcamiento del Coto su particular calle del infierno.

Actualmente, y aun con cierto cuidado por parte de autoridades y colectivos con la celebración de eventos en zonas verdes de la localidad, y más allá de su uso ordinario como espacio verde, se siguen empleando las instalaciones del Paseo de Cervantes para albergar jornadas culturales o comerciales (Mercado del Mestizaje, mercados medievales, etc.); amén del concurrido acto de la Bendición de los campos por parte de las imágenes procesionales de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores que la Hermandad del mismo nombre celebra en la calle central del parque cada Viernes Santo.

En 2018, tras una inversión de 60.000 euros, se adoquinó la calle central del parque, mejorando las zonas ajardinadas y sustituyendo la iluminación. Se intervino además en El Morabito, dotándolo de suministro de agua y alcantarillado para recuperar su uso como kiosco.

Hasta aquí la historia del Paseo de las Rosas, Paseo de Abajo o Paseo de Cervantes, uno de los pulmones de nuestra ciudad.

 

* Modificación de errores gracias a José Alfoso Rueda, que advirtió al autor de los mismos. La investigación tiene estas cosas, que uno se despista entre archivos históricos y se olvida del pasado más reciente…

 

Fuentes:

  • Callejero y Memoria Íntima de Montilla. Garramiola Prieto, E. Ed. Nuestro Ambiente. Montilla, 1995.
  • Montilla. Apuntes históricos de esta ciudad. Morte Molina, J. Ed Nuestro Ambiente (2ª ed.). Montilla, 1982.
  • Montilla; guía histórica, artística y cultural. Garramiola Prieto, E. Ed. El Almendro. Córdoba, 1982.
  • Montilla 1950-1975. Entre la historia y la memoria. Ramírez Pino, J. Ed. Manuel Ruiz Luque. Montilla, 1994.
  • Las sinapsis del poder en una sociedad pequeña y cerrada. El caso de Montilla (1902-1975), Polonio Armada, J. Ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba, 2016.
  • Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar; Tomo XI. Madoz e Ibáñez, P. Madrid, 1848.
  • Planimetría del Palacio Ducal de Medinaceli de 1709; Archivo Histórico – Fundación Casa Ducal de Medinaceli.

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