El atormentado mandato de Antonio Jaén, Alcalde de Montilla

En primer lugar, debo señalar que buena parte de lo que aquí expone fue publicado en 2006 por Josefa Polonio Armada en el número 15 de la revista Ámbitos. En su artículo “Vida, fulgor y caída de un republicano. Antonio Jaén Alcaide, primer alcalde republicano de Montilla, 1914-1918”, la historiadora montillana recorre “las vicisitudes de la primera parte del siglo XX, convulso y contradictorio”.

No obstante, recientes indagaciones en el Archivo Municipal de Montilla han llevado a profundizar un período político, centrado en el bienio 1916-1918, donde los continuos enfrentamientos en el seno del Gobierno Municipal llevaron a suspensión de sesiones plenarias, acusaciones delictivas e incluso detenciones de Concejales por parte de la fuerza armada.

 

La Alcaldía de Antonio Jaén Alcaide fue probablemente, a nivel político, la más convulsa de todas las habidas en el siglo XX en Montilla. Terminó con una notable crispación frente a sus oponentes políticos y con fundadas sospechas de corrupción y arbitrariedad en su mandato.

 

Elecciones municipales con la Restauración

Sin entrar en demasiados detalles, la política municipal en la España de la Restauración (aprox. 1876-1923) con Alfonso XII en el trono vino caracterizada por una ausencia de elecciones reales. A nivel general, el turnismo iniciado por Cánovas y Sagasta en el Gobierno impedía proyectos reales a largo plazo y la crisis se agudizó en un sistema electoral fraudulento amparado en el caciquismo y las élites sociales.

Sátira sobre el sistema de turnos. Revista El Loro, 24 diciembre 1881. (Hemeroteca Municipal de Madrid)

Tras una legislación muy somera en la Constitución de 1876, la Ley Municipal de 1877 supuso un sistema electoral con censo restringido a quienes llevasen dos años de residencia fija en el municipio y estuviesen pagando cuota de contribución de inmuebles, cultivos o ganadería –o de subsidio industrial o de comercio– con un año de anterioridad a la formación de las listas electorales. También podían votar los empleados públicos –entre ellos, militares–, en activo o jubilados, así como los titulados oficiales del término. Por supuesto, todos ellos varones y mayores de 25 años. El sufragio “universal” quedaba restringido a municipios de menos de 100 habitantes, aunque el régimen se flexibilizó con la Ley Electoral de 1890.

En la contraparte, solo podían ser elegibles los mayores contribuyentes del municipio. Cada dos años se renovaban por mitades los Ayuntamientos, siendo la elección del Alcalde una prerrogativa real en aquellos municipios capitales de provincia, cabeza de partido o mayores de 6.000 habitantes. Además, el Gobernador Civil se reservaba el derecho de suspender y separar a los Alcaldes, con lo que en la práctica el poder municipal estaba siempre supeditado a mandato superior.

 

Montilla, 1914-1916

En Montilla, Antonio Jaén Alcaide pasa a ocupar la Alcaldía a través del Partido Republicano; tras un período donde el Consistorio montillano tuvo que enfrentarse a serios problemas como el contrato de suministro eléctrico de la población, que tras varias denuncias e incumplimientos pasó de Larrucea Hermanos a la Cooperativa Eléctrica Montillana –no sin pocos contratiempos también con esta empresa–, abusos e incumplimientos en los servicios de Cementerio o continuas irregularidades en la inspección de los mercados y el Matadero.

En las elecciones para el bienio 1914-1916, se deben escoger concejales para sustituir las dos vacantes en el Distrito Primero; tres en el Segundo, dos en el Tercero y otras dos más en el Cuarto. Una de esas vacantes, por el Distrito Segundo, es precisamente la de Antonio Jaén Alcalde, Concejal saliente. No obstante, y tras ser el candidato más votado de todos los distritos, Jaén ocupa la Alcaldía por elección directa del resto de Concejales, al haber renunciado el Gobierno de Su Majestad a la facultad que le concede el artículo 49 de la Ley. El Gobierno Municipal, formado por 19 miembros, es el siguiente:

Composición del Ayuntamiento bienio 1914-1915. Elaboración propia

 

Las convulsiones del sistema y de la época en cuestión no se hacen esperar, y casi la totalidad de concejales monárquicos (liberales) dejan de asistir a las sesiones desde primera hora, solicitando licencias y permisos varios, a veces concedidos y a veces no. En una época en la que no asistir a las sesiones del Ayuntamiento resultaba un incumplimiento de deberes y podía sancionarse con multa económica, los cuatro monárquicos solicitan tres meses de licencia, alegando, además de motivos laborales y de salud, “la actitud del público afecto a las ideas políticas de la mayoría del Ayuntamiento que viene asistiendo a las sesiones, interviniendo en los debates con actos de desagrado para los Concejales Monárquicos que suscriben”. Denuncian coacción y alteraciones de orden público; y el Ayuntamiento les deniega el permiso.

Ante las continuas faltas de asistencia, Hurtado del Valle indica que “resulta muy cómodo que por las tardes se les vean en las calles y paseos y por las noches falten al deber que les impone el cargo[i]”. Ya en abril, continuando las ausencias, el Alcalde ordena dar conocimiento del hecho al Gobernador Civil.

El Secretario del Ayuntamiento, el conservador José García Moyano, tras 20 años de servicio y críticas recientes de algunos Concejales, solicita jubilación y pensión en una amplia carta leída en sesión capitular. Aunque el Alcalde parece en principio conforme a ello, se habla del asunto en sesiones posteriores, y finalmente se rechaza la pensión por unanimidad. En lo que se convertirá en una piedra constante en el mandato de Jaén Alcaide, y tras pleitos, recursos y discusiones varias, la Corporación entrante en enero de 1918, cuatro años después, acuerda conceder la pensión al antiguo Secretario, no sin recibir antes una reprimenda de manos de los tribunales de Justicia.

Surgen discusiones constantes entre socialistas y republicanos, pero también se dan en el seno de esta última opción política. Hurtado del Valle, pese a compartir buena parte de su ideología con el Alcalde y ser designado por este para presidir las principales Comisiones Municipales, comienza a discrepar en muchos asuntos con aquel. El 25 de abril, Hurtado reclama al Alcalde que acuda a las recepciones de materiales para obras, y el segundo pide que lo haga el primero como Presidente de la Comisión responsable. Pero justo a continuación se produce el que quizá sea punto de inflexión de la relación entre ambos: Hurtado denuncia un abuso de autoridad de la policía municipal –responsabilidad directa del Alcalde– y este se niega a que la denuncia conste en acta, señalando que el asunto deben resolverlo los tribunales. La discusión prosigue incluso en la sesión posterior, negando el Alcalde recoger en Acta algunas apreciaciones del Señor Hurtado, y a partir de esta fecha observamos cierta ruptura entre ambos regidores.

Para tensar aún más la situación, el propio Hurtado denuncia un caso de corrupción por parte del concejal republicano Francisco Ramírez, a quien se imputa la venta de material para obras del municipio y el cobro de comisiones. En sesión secreta se discute el asunto, mostrando pruebas a favor y en contra de dicha denuncia, y el Alcalde cierra la discusión sin decidir nada y emplazando a los enfrentados a la Justicia ordinaria. En la siguiente sesión se da cuatro meses de licencia a Ramírez y se comunica la dimisión del propio Alcalde, que no se admite. Estamos en junio, con tan solo medio año de legislatura. Un mes después es Hurtado quien alega problemas de salud para presentar su renuncia, que tampoco se acepta[ii].

No obstante, el republicano deja de ir a las sesiones, con lo que las aguas se calman en cierta manera, pese a los problemas en el servicio de Cementerio y –de nuevo– con el fluido eléctrico, cuyo contrato con la Cooperativa Eléctrica Montillana se acuerda rescindir para luego revocar dicha rescisión. Con todo, el bienio 14-15 termina con cierta calma política.

 

1916, el inicio de un bienio polémico

En sesión capitular de 9 de octubre de 1915, al tratar las vacantes para la renovación bienal del Ayuntamiento, se declaran, además de las correspondientes por turno, la de Nicolás Hurtado del Valle, que “solo ha concurrido a sesiones hasta el diez y ocho de julio de mol novecientos catorce” y la de José Villalba de la Puerta, por el mismo motivo aún desde meses antes, lo que se deduce como “propósito de declinar el desempeño del cargo para que fueron elegidos”. En total se declaran 13 vacantes, aunque poco después el Gobierno Civil emite resolución revocando las de Hurtado y Villaba.

En la sesión inaugural del bienio, el 1 de enero de 1916, vuelve a escogerse a Antonio Jaén para el cargo de Alcalde; resultando Tercer Teniente de Alcalde Hurtado del Valle.

 

Composición del Ayuntamiento bienio 1916-1917. Elaboración propia. Leyenda: R= republicano; S= socialista; Ref= reformista; L-M= liberal (monárquico)

 

En la sesión ordinaria siguiente y tras casi un bienio sin asistir a la Sala Consistorial, Nicolás Hurtado toma posesión de su cargo, “que aceptaba sin recelos por haber desaparecido del Municipio la causa que dio lugar a su retraimiento”, sin dar mayores explicaciones. Con su vuelta, sumada a la creciente fuerza del socialismo y su ruptura con los republicanos que se traduce en una mayor intervención en las sesiones, la capitanía de Jaén al frente de la Alcaldía es una auténtica odisea.

El 10 de enero, en sesión ordinaria, el socialista Márquez Cambronero presenta su renuncia al cargo de Regidor Síndico, ocupado pocos días antes, “debiéndose los hombres políticos a sus partidos y siendo contrario el suyo a que continúe desempeñando dicho cargo”. La renuncia, como casi siempre, es rechazada.

Las pesquisas fiscalizadoras a la labor del Alcalde son continuas durante todo el mandato, pero en especial tras la renovación bienal del Ayuntamiento. En la misma sesión anterior, Herrador Pedraza protesta sobre la gestión administrativa de la anterior Corporación, solicitando documentación y certificaciones varias. Hace lo propio Zafra Contreras, sobre la gestión del Cementerio y del Presupuesto. A lo largo de todo el mandato, el enfrentamiento entre Jaén y Herrador es continuo, con numerosos reproches, diatribas y opiniones encontradas entre ellos. Así en sesión de 7 de febrero, Herrador insiste “en que se le expidan las certificaciones que tiene solicitadas, extrañándose de que nada haya podido conseguir a pesar de las continuas excitaciones, lo cual a su juicio demuestra que no se le quieren expedir”, amenazando con quejarse al Gobierno Civil. Vuelve a insistir en sesiones de 17 y 24 de abril, cuando el Alcalde le contesta que “la forma que viene empleando dará motivo a que no se le expidan nunca”, respondiendo el solicitante “que ya esperaba él lo que acaba de manifestársele, pues comprendía que el no expedirle los certificados era debido a que según su creencia existirán suciedades que lo impedirán”.

Cada lectura del acta anterior se convierte en una queja de Herrador por asuntos pendientes, alguna con más razón que otra. Se suma a las protestas Hurtado, además de producirse las lógicas y constantes reclamaciones por parte de los concejales socialistas, que intentan hacer valer sus ideales en el Consistorio. Las quejas a la gestión del Alcalde son varias:

  • Falta de entrega de documentación solicitada
  • Irregularidades en la aprobación de disposición de fondos mensuales
  • Poca transparencia en la relación de gastos e ingresos
  • Incorrecciones en la redacción de las actas capitulares
  • Arbitrariedad y partidismo en la contratación de empleados
  • Mala gestión de la Guardia Municipal, competencia directa del Alcalde

La Comisión Mixta de Reclutamiento, encargada de los asuntos de quintas para el servicio militar obligatorio, fue otro de los caballos de Troya del enfrentamiento político. En septiembre del 16, Hurtado presenta una cuenta de gastos de este asunto y la Corporación acuerda discutirla en sesión secreta[iii], que se constituye en la siguiente. En ella, “cerradas las puertas del salón por orden de la presidencia”, Hurtado trata de justificar las 404,40 pesetas que suponen el viaje a Córdoba y los socorros facilitados a los mozos. Tras discusión del asunto y con opiniones abiertamente enfrentadas por parte de los Concejales, se rechaza la cuenta referida, indicando los socialistas que “no aprueban ni puedes pasar las partidas que se han destinado a cosas que no son convenientes ni necesarias al desempeño de la Comisión”.

Las protestas van subiendo de tono. El 16 de octubre, tras finalizar la sesión, Márquez Cambronero pide la palabra, pero al denegarla el Alcalde, aquel en unión de Zafra y Hurtado protesta “en tono descompuesto, dando voces que apoyaban con distintas manifestaciones algunos del público concurrente, abandonando sus escaños y marchando a la calle[iv]”. Esta redacción del Acta provoca nuevas quejas de sus protagonistas en la siguiente sesión, el 23 de octubre, que incluso tuvo que suspenderse sin llegar a tratar el Orden del Día ya que “el Señor Hurtado fue llamado al orden repetidamente por la Presidencia, que en vista de que aquel no obedecía sus indicaciones hechas con el timbre suspendió el acto”.

En la sesión del 1 de noviembre, además de volver a consignar protestas sobre el acta de la del 16 del mes anterior, Hurtado y los socialistas Márquez, García y Zafra presentan una moción en la que consideran que “se encuentran desamparados por el Presidente de la Corporación Municipal mermándoles derechos y atribuciones inherentes al cargo y de la competencia del Municipio, y reconociendo la protección de aquellos otros que pos sus amistades particulares o parentesco se encuentran protegidos […]”, añadiendo Zafra en su intervención que el Alcalde “de poco tiempo a esta parte, en que dice contra el criterio que antes sustentaba pone trava al derecho de los Concejales, que no pueden menos que estimarse atropellados (sic)”.

En otra ocasión, Hurtado se dirige de nuevo al Alcalde: “seguramente lo comunicado al Gobernador no será la verdad de lo ocurrido como en otras ocasiones”; respondiendo el Alcalde: “el que se produce de ese modo ni es caballero ni hombre[v]”. (AC 6/11/1916).

 

El difícil año de 1917 en el Consistorio montillano

Si bien las últimas semanas de 1916 discurren con aparente calma política, el último año de Jaén al frente de la Alcaldía es una auténtica tortura. Ya en el primer día de enero protesta Zafra Contreras, denunciando que el Presidente no permite el uso de la palabra a los Concejales después de terminado el Orden del Día, pese a que sí lo permite el Reglamente de Régimen Interior del Municipio; y contestando el denunciado que él se limita a cumplir la Ley, “que está por encima del Reglamento.”

En la sesión de 10 de enero, tratando la destitución del tablajero suplente de las carnicerías públicas por falta disciplinaria, que proponía la Comisión correspondiente; y resultando de la votación la cesantía de dicho trabajador; el Alcalde se niega ello, suspendiendo el acuerdo y remitiéndolo al Gobernador de la provincia. Ante las contestaciones suscitadas entre algunos Concejales, se suspende la sesión, sin terminar de discutirse todos los asuntos.

El 22 de enero, Hurtado, Zafra y García, un un manifiesto común, piden la dimisión del Alcalde “por la actitud de violencia injusta adoptada”. Hurtado explica después sobre Jaén que ocupa el “cargo de Alcalde que a no dudarlo desempeña de modo equivocado y fuera de toda legalidad”. No obstante ofrecen la retirada de la moción “siempre que el Señor Jaén dé su palabra de honor de modificar la aptitud seguida hasta ahora para con ellos (sic)”, y negándose a ello el Presidente, se vota su censura, que es descartada por la mayoría consistorial.

La siguiente sesión recoge la multa impuesta a Hurtado, de 25 pesetas[vi]. Vuelve a evidenciarse, además, la negativa del Alcalde a modificar las actas ya redactadas, pese a las protestas de Hurtado o Zafra, que se repiten permanentemente al respecto, al igual que con la imposibilidad de intervenir en asuntos fuera del Orden del Día o con la negativa del Alcalde a aportar documentos solicitados. Asimismo, se protesta en varias sesiones de 1917 frente a la comisión de gastos que no han sido previamente aprobados por la Corporación, pese a que sean superfluos; o la distribución de fondos aprobada mensualmente.

El 21 de marzo vuelve a suspenderse una sesión por tensiones entre el Alcalde y Hurtado, primero a cuenta de un oficio que aquel dijo haber recibido del Gobernador provincial ordenando la creación de un Negociado de Subsistencias, y del que no se ha dado cuentas; y después tras la negativa de Jaén a tratar sobre un nuevo empréstito para la construcción del Matadero, que Hurtado se empeña en debatir. La discusión entre ambos es tal que se tiene que levantar la sesión. En la siguiente sesión, sin estar presente el Alcalde, el Secretario responde a Hurtado sobre el antedicho oficio de creación del Negociado de Subsistencias “que buscado no había podido encontrarse diciendo entonces el señor Hurtado que esa era la contestación que en público quería él oír y a lo cual encaminaba sus gestiones por entender desde un principio que se trataba de un pretexto para colocar un nuevo empleado”.

El 11 de abril de 1917 tiene lugar una nueva reunión capitular, supletoria de la del día 9; a las que no acude el Alcalde. Pero esto no es obstáculo para que, terminada la sesión, Zafra Contreras hace constar en acta que Jaén Alcaide “no concurre desde hace tiempo a las sesiones sin causa justificada y sin delegar sus funciones lo cual implica una cobardía y una completa dejación de los deberes del cargo”. También censura la falta de asistencia del Secretario desde hacía dos meses “sin causa también puesto que no estará enfermo cuando lo ve pasearse alguna noche”. No obstante, la moción de censura se aplaza a la siguiente sesión para permitir a los ausentes defenderse. Como tampoco se encuentran en sesión de 18 de abril, a la que solo concurren los socialistas Zafra, García y Márquez junto al federal Hurtado, se acepta la excusa por enfermedad del Secretario y se aprueba el voto de censura al Alcalde, quien igual que algunos Concejales “en vez de concurrir envían a sus mandaderos para que se entere de lo que pasa”. Pese a todo, el Presidente interino, Hurtado, no adopta corrección alguna para ellos, “no queriendo que se le tache de exagerado en sus funciones”. Todo ello recogido en el acta que corresponde, que es firmada en la siguiente sesión incluso por Jaén, por error.

En las sesiones siguientes prosiguen las tiranteces a cuenta de irregularidades en las fianzas del factor del Matadero, del abuso del Conserje del Cementerio o de una obligación pendiente de un sastre de Madrid, que alega no haberla cumplido por adeudarle Hurtado un traje que este le encargó.

Miembros del Partido Socialista hacia los años 20-30. Fuente: psoemontilla.es

Sube el tono: orgías e intentos de asesinato en la Sala Capitular

Pero todavía no ha llegado el punto culmen de las tensiones entre el Jaén y Hurtado. El 30 de mayo se vuelve a suspender la sesión tras una discusión entre ambos en las que el federal acusa al Alcalde de varios acuerdos incumplidos. Leída el acta en la sesión siguiente, Hurtado intenta tratar asuntos pendientes, calificándolo el Alcalde de “impertinente” y signado aquel el acta anterior con la fórmula “Protesto”. La calificación y etimología de la palabra “impertinente” ocupan una parte de la discusión de la sesión de 11 de junio, que sin embargo merece la pena destacarse por otro motivo: de nuevo los gastos del Comisionado de Quintas.

En dicha sesión capitular de 11 de junio, el Alcalde pretende aprobar una cuenta por gastos de viaje del Comisionado de Quintas sin pasar por la Comisión, por lo reducido de su importe, a lo que se oponen Zafra y Hurtado porque “obrando de ese modo quedará aprobada la cuenta por mayoría y desaparecerá como ocurrió a la del Señor Hidalgo para que nadie pueda investigarla[vii]”. Y continúa más adelante con la lapidaria sentencia de que “el Señor Alcalde tiene un decidido propósito de que todo lo que con quintas se relacione sea aprobado sin que la Comisión lo conozca porque se había entregado a celebrar orgías y a libaciones en caseríos inmediatos con los Señores de la Comisión Mixta componiendo amaños, e igualmente debido a orgías también en la Casilla de Don José Córdoba, Conserje del Cementerio es por lo que el asunto de este lo ha pasado al Juzgado sin que el Ayuntamiento lo resuelva.”

El Alcalde, sin mucha más réplica, tilda de grosero a Hurtado, y se produce un altercado en el que “Los Señores Concejales de la mayoría se levantan protestando y pidiendo un voto de censura para el Señor Hurtado produciéndose la consiguiente confusión y alboroto en que el público tomó parte por lo que la presidencia levantó la sesión”. Otra más…

La siguiente sesión recoge una moción socialista sobre la polémica anterior, que había dado “lugar a que entre este [Nicolás Hurtado[ y el Señor Alcalde se suscitara una discusión apasionada y con carácter personal apartándose ambos de las buenas reglas y disposiciones que determina la ley Municipal”, argumentando parcialidades en el seno de la Corporación, mala interpretación e incumplimiento de la Ley Municipal por el Alcalde y desamparo de las minorías por parte de este. Pero lo más grave del asunto es que dicha moción propone el cese de dos trabajadores municipales por desacato y de los guardias municipales que en la sesión anterior prestaban servicio en la Sala Capitular, “toda vez que este no fue hecho con regularidad como lo demuestra el hecho de que en presencia de dichos guardias hubo intento de asesinato por parte de José Rubio, que desde el público presenciaba la sesión, contra el Segundo Teniente de Alcalde Don Nicolás Hurtado”. Al agresor se le recogió una navaja, sin que fuese detenido siquiera; aunque en la discusión del asunto se deja patente que el asunto está en manos de los Tribunales de Justicia. La moción, no obstante, no termina de votarse al declarar concluido el acto el Alcalde.

 

El ocaso de un mandato: el fin de Antonio Jaén como Alcalde

Las continuas tensiones entre Concejales, las acusaciones de las sesiones anteriores y la crispación política trasladada al ámbito municipal, provocan que las tres siguientes sesiones no puedan celebrarse, ni en primera ni segunda convocatoria, por no haber número suficiente de asistentes al concurrir únicamente Hurtado y Zafra, en alguna ocasión. Finalmente, y con ausencia precisamente de los socialistas y Hurtado, el 18 de julio de 1917 se retoma la actividad capitular, afirmando que en la anterior sesión Hurtado se sentó de espaldas al público “manifestando que ocupaba aquel lugar para librarse de los ataques de los energúmenos de la mayoría”. En dicha sesión se resuelve y desestima la anterior moción socialista, que quedó pendiente, pese a que los proponentes no se encuentran en la Sala.

En la siguiente sesión, al protestar Hurtado contra las imprecisiones en la redacción de las actas, y tras exigirle el Alcalde que se dirigiera a él como Presidente y por su apellido, finalmente es detenido por la Guardia Civil por orden del Alcalde. No terminan los problemas de Hurtado, que en sesión de 1 de agosto es destituido como 2º Teniente de Alcalde a propuesta del Concejal Antonio Hidalgo Fluxá, en nombre de la mayoría, “a quienes [Hurtado] dirige constantemente insultos y a los cuales llamó en la penúltima sesión energúmenos”.

La sesión del 8 de agosto decidió modificar la hora de las sesiones, fijándolas a las once de la mañana todos los lunes. Zafra, entendiendo la “necesidad de que el público conozca los actos del Municipio cosa que por lo visto dice trata de evitarse con la variación de hora”. Votada y aprobada la modificación, Hurtado, Zafra, Márquez y García abandonan el Salón en señal de protesta, si bien a continuación se decide que la hora sea las 15 de cada lunes.

Puerta de Aguilar, principios de siglo XX. Fuente: Portfolio Fotográfico de España (1913)

La sesión supletoria de 15 de agosto se celebra con la sola presencia de Santiago Navarro y Antonio Panadero. La ausencia de los socialistas, a la que se une Hurtado, es su despedida del bienio, pues no vuelven a concurrir hasta el 26 de diciembre. Las siguientes 19 sesiones del segundo semestre son las más tranquilas en la Presidencia de Jaén Alcaide, pues solo asisten Concejales afines a las sesiones. No obstante, en la Junta Municipal de Asociados -que básicamente se reunía en esta época para elevar propuesta de Presupuesto al Ayuntamiento-  de 22 de diciembre[viii] se reprocha esta ausencia por parte del Alcalde que al debatir la propuesta dice a Zafra “que la ignorancia que alega es debida solo a no concurrir a las sesiones […] como es deber a pesar de ser citado”, a lo que el socialista alegó “que la culpa es de quien acordó que las sesiones tuviesen lugar de día lo cual les imposibilita de asistir a quienes como ellos son trabajadores que puedes perder de ganar su jornal por no ser ricos.”

El 26 de diciembre, fecha en que regresan Zafra y Hurtado, vuelven las protestas contra la aprobación de cuentas. Discutiendo una cuenta por el convite al Regimiento de Lanceros de Sagunto durante su estancia en Montilla, Hurtado dice “que más bien fue para los empleados de las oficinas y para algunos Señores Concejales […] pues él tiene noticias de que a los soldados nada se les dio por lo que no hablaban bien de este pueblo” y de que tiene noticias de que “hubo algún empleado a quien tuvieron que llevar la noche del convite entre dos a su domicilio”.

Al declarar las vacantes para el siguiente bienio, el propio Alcalde, así como Hurtado del Valle, García Ortiz y Márquez Cambronero son declarados cesantes, si bien este último vuelve a obtener el voto del pueblo para ser Concejal. La nueva Corporación para el bienio 18-19 no comienza con menos efervescencia que terminó la anterior, dándose cuenta y protestándose por varios Concejales la anulación de la elección del Distrito Segundo de las anteriores elecciones. En la votación de Alcalde resulta elegido en primera instancia Antonio Sánchez Muñoz, pero como es uno de los suspendidos por la Superioridad en virtud de la anulación antedicha, el siguiente más votado, Manuel Herrador Pedraza, es nombrado Alcalde. Jiménez-Castellano y Alvear renuncia a su designación como Segundo Teniente de Alcalde, y tras varios debates se consigue conformar el nuevo Ayuntamiento. En febrero, el nuevo Ayuntamiento acusa al anterior de malversación de fondos, en un ambiente fiscalizador que pretende eludir responsabilidades por actuaciones de sus antecesores. Después llegarían acusaciones de prevaricación, despidos de empleados municipales, dimisiones, etc. que terminaron por confluir en las movilizaciones obreras y campesinas del Trienio Bolchevique, especialmente sentido en la provincia de Córdoba.

Terminada la Presidencia de Antonio Jaén, el partido republicano está lejos de la popularidad de que gozaba años atrás, lo que unido al fervor que despertaba el socialismo entre la clase obrera propició en los años siguientes el amplio crecimiento de este último partido, que alcanzó la Alcaldía de la mano de Márquez Cambronero en 1920.


[i] AMM Actas Capitulares Libro 208; sesión 14/02/1914

[ii] id, sesión 27/07/1914

[iii] AMM Actas Capitulares Libro 209, sesión 04/09/1916

[iv]id; sesión 16/10/1916

[v] id, sesión 6/11/1916

[vi] AMM Actas Capitulares Libro 210; sesión 29/01/1917

[vii] id, sesión 11/06/1917

[viii] AMM Actas Junta Municipal de Asociados Libro 253, sesión 22/12/1917

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