El primer derribo de los Arcos de la Puerta de Aguilar
Panorámica de la entrada a Montilla por Puerta de Aguilar, con detalle de los Arcos al fondo. Fotografía Manuel González.
Sobre el derribo de los Arcos de la Puerta de Aguilar, sucedido en mayo de 1962 –pero sobre la mesa plenaria del Ayuntamiento desde la sesión capitular de 3 de enero de 1955, cuando el Concejal Laguna Arrabal expuso «la necesidad de acordar el derribo de los Arcos de la Puerta de Aguilar […]”–, se ha escrito y hablado lo suficiente como para convertirlo en cuestión de estado; en este caso, de municipio. Opiniones antepuestas, a veces sin más fundamento para unos que el contrapunto al argumento de los otros. Y viceversa.
El nomenclátor no engaña, y el callejero se llena de referencias toponímicas, orográficas o históricas. La Puerta de Aguilar no iba a ser menos, y lógicamente se deduce que su nombre hace referencia a la portada que “cerraba” la población en su mirada a la vecina Aguilar de la Frontera. Ya nos contaba Enrique Garramiola en su Callejero y Memoria Íntima de Montilla (1997) cómo a la llegada a nuestra ciudad de los Marqueses de Priego en 1587 “se instaló junto a la puerta de entrada un arco conmemorativo decorado por el pintor Pedro Delgado”; si bien se debía referir a una construcción efímera y honorífica por este acontecimiento especial, que después se desmontó. Estas puertas a las entradas de la población eran cerradas principalmente para evitar propagación de epidemias, como la peste de 1580 o las que se sucedieron en el XVII. Siempre según Garramiola[i], a raíz de la reforma moderada de 1812 se eliminaron las puertas, aunque tenemos constancia de su uso esporádico años después, como con ocasión de la epidemia de cólera de 1834.
Los Arcos monumentales, los de piedra, llegaron en 1819, como adelantó Inmaculada de Castro en 1999[ii]. En escrito al Ayuntamiento fechado el 7 de mayo de 1819, el Corregidor Antonio Pimentel y Valenzuela da noticia de los adelantos y mejoras realizadas en Montilla durante su vigente mandato, donde incluye haber “conseguido que con ayuda de sus vecinos y con los extraordinarios arbitrios de que se ha valido, se construya y edifique la hermosa Puerta de Aguilar con tres arcos[iii]”

No obstante, los arcos también desaparecerían, más tarde, aquella noche de mayo del 62.
Pero… ¿sabías que el que recordamos no fue el primer derribo de los Arcos de la Puerta de Aguilar?
En efecto, casi cien años antes del derribo que hoy todos recordamos, el Ayuntamiento trató en sesión capitular de 1 de abril de 1869 una propuesta del Regidor Síndico, Mariano Amo, quien manifestó “que el arco que existe á la salida de calle Puerta de Aguilar, al lado izquierdo, que conduce á la de Parra, es un obstaculo al libre transito, y que puede ocasionar sorpresas á los transeúntes que de noche se ven obligados á tomár aquella via tan frecuentada principalmente por los vecinos de la calle Parra, y que por lo tanto era de opinión que deba destruirse[iv] (sic)”.
Referida acta señala que se produjo una detenida discusión sobre el tema, aprobándose por mayoría el derribo de mencionado arco, y que el material resultante se vendiera en pública subasta. Parece que el acuerdo no se llegó a hacer efectivo, o al menos no totalmente, puesto que en sesión de 15 de septiembre de 1881, y previa certificación del Maestro de Obras Municipal donde “se hace constar el estado ruinoso de los Arcos constituidos en la Puerta de Aguilar, el Ayuntamiento con objeto de prevenir todo siniestro acordó la demolición de aquellos, por mayoría[v]”.
Sin embargo, en la siguiente sesión, el Alcalde, deseoso de acertar con la decisión al respecto, que ya por aquel entonces se preveía polémica, volvió a someter el asunto a discusión del Ayuntamiento, abriéndose una amplia discusión al respecto: quienes por un lado optaban por el derribo; y quienes se pronunciaban a favor de la recomposición de los Arcos. Volvió a vencer la primera opción.

Años después, los arcos seguían viéndose como un estorbo para la población, foco de inmundicias y maltrato al ornato público, como atestiguaba José Ramón Garnelo en el editorial de La Campiña de 30 de septiembre de 1883, que transcribimos en su día en este breve artículo. Desconocemos, por tanto, el momento exacto de ese primer derribo, que en cualquier caso tendría lugar entre 1881 y 1888, y que quizá ni siquiera fuese total a tenor de que, por los retrasos del acto de subasta de la obra de esos nuevos arcos –los que todos conocemos–, se tuvo que encargar al Maestro de Obras municipal «la composición del Arco de la Puerta de Aguilar, cuyo estado de deterioro amenaza inmediata ruina en evitación de siniestros[vi]”. También en esta época se deja constancia de “la conveniencia que para el libre tránsito proporcionaría el derribo la tapia que obstruye la entrada a la Calle de la Parra”, ordenándose el mismo[vii].
En cualquier caso, finalizando el año 1888 y acordada meses atrás, comenzó “la erección de un arco monumental que embellezca la entrada a esta población por su calle Puerta de Aguilar[viii]” bajo proyecto técnico del alarife Manuel Espejo Montio y construcción de Francisco Solano César, por un importe ligeramente superior a las 4.000 pesetas de la época.
Un nuevo arco que, tres cuartos de siglo después, volvería a pesar tierra para lamento de unos y jolgorio de otros.
[i] Garramiola Prieto, Enrique: “Arco Monumental” de la Puerta de Aguilar; en Boletín de Información Municipal (BIM) núm. 135, julio 1995.
[ii] de Castro Peña, Inmaculada: Los arcos de la Puerta de Aguilar construidos en tiempos del corregidor don Antonio Pimentel Valenzuela (1819); en BIM 152, diciembre 1999.
[iii] Archivo Municipal de Montilla (AMM); Actas Capitulares. Libro 116, sesión de 11/05/1819
[iv] AMM; Actas Capitulares. Libro 166, sesión de 01/04/1869
[v] AMM; Actas Capitulares. Libro 178, sesión de 15/09/1881
[vi] AMM; Actas Capitulares. Libro 185, sesión de 24/11/1888
[vii] AMM; Actas Capitulares. Libro 184, sesión de 02/04/1887
[viii] AMM; Actas Capitulares. Libro 185, sesión de 22/09/1888