La Cruz de Arbón

(Imagenes comparativas de la Cruz de Arbón y su entorno, con aproximadamente un siglo de diferencia entre ambas)


Con el Castillo de Montilla derruido y minimizados los riesgos fronterizos de la población -al eliminar los Reyes Católicos el Reino nazarí de Granada, Montilla queda en territorio interior y pacificado-, no tenía sentido la reconstrucción del Castillo. Por ello, cuando Juana la Loca dictó una cédula en la que concedía al Marquesado de Priego el perdón por los actos de Pedro Fernández de Córdoba, otorgándole a la familia licencia para reedificar la fortaleza, los Marqueses deciden trasladar su residencia a la parte baja de la población, de más fácil acceso y de mejores condiciones orográficas.

El centro de poder de la localidad se desplazó de esta manera hacia la salida a Granada, en el ensanche final de la antigua calle Torrecilla, donde la construcción del Palacio de los Marqueses de Priego inició un proceso de expansión que tuvo su mayor esplendor con el mandato de doña Catalina Fernández de Córdoba.

Catalina engrandeció el Palacio anexionando varias dependencias, lo que supuso la urbanización del actual Llano de Palacio donde se ubicaron, en torno al Palacio, la ermita de San Blas, la Puerta de Granada o el Monasterio de San Francisco –muy pronto convertido en Convento de Santa Clara– e impulsó un desarrollo sin precedentes en la localidad.

A los pies de este privilegiado entorno, la Cruz de Arbón fue el lugar elegido por San Juan de Dios para esperar el permiso de entrada a la ciudad en sus encuentros espirituales con San Juan de Avila, patrono del clero secular español. Era frecuente que los pueblos tuvieran este tipo de cruces en sus diferentes accesos y puertas de entrada. En este crucero montillano, situado en el antiguo camino de Granada, también pudo atender el Maestro Juan de Ávila a otras importantes figuras religiosas o seculares cuya presencia en Montilla acredita la relevancia de esta localidad durante el Siglo de Oro.

Según intuye el que fuera Cronista Oficial de Montilla don Enrique Garramiola en «Callejero y memoria íntima de Montilla» (Ed. Nuestro Ambiente, 1995), el nombre pudo derivarse del término arbollón o albollón, desaguadero de la pila del abrevadero que existía antaño al lado de la cruz.

 

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